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De centenares de miles de kilómetros de extensión, la corona, es decir, la parte del sol visible durante los eclipses, está formada por gases y es tan cálida que la materia se encuentra bajo la forma de plasma.
Lo que la hace "incandescente", según una investigación de Science, es un particular tipo de onda, cuya existencia había sido prevista en 1942 por el físico Hannes Alfven y que ahora fue observada en acción en el sol. La investigación fue realizada por un grupo internacional coordinado por David Jess, del Goddard Space Flight Center de la NASA, y de la que forman parte la irlandesa Queen's University, la universidad británica de Sheffield y la de California en Northridge. Todos los estudiosos del sol están de acuerdo en el hecho de que el recalentamiento de la corona depende del transporte de energía de su interior hacia la corona por medio de procesos no térmicos. Según el segundo principio de la termodinámica es imposible transferir calor de un cuerpo más frío a uno más cálido. Los pareceres son, en cambio, diferentes cuando se trata de explicar el fenómeno pues algunos lo atribuyen a corrientes eléctricas y otros al recalentamiento a través de las ondas. La investigación publicada ahora en Science demuestra que la hipótesis correcta es la segunda. Es verdad, revelan los autores del trabajo, que ningún tipo de onda observada hasta ahora puede transportar una energía suficiente para calentar la corona, pero las ondas de Alfven constituyen una excepción. Observados los efectos gracias al Telescopio Solar Sueco, los investigadores midieron oscilaciones de las que resulta que ondas de este tipo pueden aumentar la temperatura de la corona. Las ondas de Alfven pueden ser provocadas por turbulencias, y pueden transportar energía a través de la atmósfera solar antes de ser una onda de choque disipando así su energía en calor
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