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Sara Larraín: “No se construyen plantas nucleares en los países desarrollados”
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Sara Larraín: “No se construyen plantas nucleares en los países desarrollados”

La directora de la ONG medioambientalista Programa Chile Sustentable, habla de la energía atómica y los riesgos que representa implementar un reactor en nuestro país. Además, destaca los fracasos en naciones que han incursionado en este tipo de combustible.

 
Para Larraín la única alternativa son las energías limpias.  
La población mundial supera los 6 mil millones de personas y sigue creciendo. Una sociedad que consume diariamente una cantidad impresionante de energía. Basta pensar en el número de televisores, computadores, radios, refrigeradores o lavadoras que se encienden en nuestro planeta.

De ahí la importancia de que cada país solvente esta alta demanda energética de la mejor forma posible. Centrales hidroeléctricas y energías naturales provenientes del sol o del aire aparecen como las más utilizadas, pero mucha de ellas no logran solventar la demanda o no poseen la inversión necesaria.

El tema nuclear surge como herramienta para solucionar este problema. Sin embargo, posee un nivel de costos y riesgos que ponen en jaque la seguridad de las personas que viven en los alrededores de un reactor.

En Chile, este tipo de combustible ha generado un fuerte debate entre todos los sectores políticos y sociales que aprueban o rechazan esta medida. Entre los que desaprueban este tipo de construcciones se encuentra la organización Programa Chile Sustentable, donde su directora Sara Larraín, se ha transformado en una voz experta para referirse a este tema.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de este tipo de energía?

Los que defienden esta opción afirman que no emite gases de efecto invernadero, y eso es erróneo, pues también implica omitir todos los demás riesgos. Además, dicen que lo ocurrido en Chernobyl hace 20 años es una especie de excepción, pero alrededor del mundo se han registrado muchos accidentes.

¿Qué tipo de incidentes?

En nuestro país, por ejemplo, el 15 de diciembre de 2005, la Comisión Chilena de Energía Nuclear reconoció el “primer accidente radiológico de gravedad”, a propósito de los 249 trabajadores víctimas de algún nivel de radiación en la recién inaugurada planta de celulosa de Celco Nueva Aldea, en la Región del Bío Bío. Uno de los operarios murió en noviembre de 2006 y otro apenas aguanta su situación de salud. En este caso no hablamos de un reactor, sino de una celulosa donde se desprendió una cápsula de Iridio 192, pero sirve para dimensionar los efectos de la radiación y los peligros de manipular estos elementos.

¿Existe alguna alternativa o estamos condenados a utilizar este tipo de combustibles para financiar nuestro alto consumo energético?

Hay muchas alternativas, en el caso de Chile son propias y abundantes, además de renovables, social y ambientalmente amigables. El gobierno asimiló que entre países de la OECD, bloque al que aspiramos integrarnos, el 30% de la inversión en tecnología energética se destina a las fuentes renovables. El año 2006, 26% de las inversiones totales en el sector energético mundial fueron para ellas. En nuestro país, las Leyes Cortas I y II removieron las barreras para el ingreso de las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) al mercado eléctrico, que antes les estaba vedado, pues el marco normativo no aseguraba un precio equitativo, y eran víctimas de las distribuidoras. Gracias a esto, la energía geotérmica, eólica, solar y el desarrollo de biomasa tienen “libertad de ingreso” al mercado. Esto, antes de 2005 era imposible. El gobierno ya adjudicó 2 millones de dólares al Concurso de Proyectos que utilicen Energías Renovables y Limpias, y abrió una línea de créditos blandos para concretarlos. Al duplicar el monto del Concurso y abrir la línea de Crédito Inversión Medio-ambiente en Corfo, el gobierno demuestra voluntad política de diversificar la matriz con energías renovables y nacionales, y da una clara señal de que cumplirá ese compromiso. Cuando se concreten 27 de los proyectos aprobados en 2005, se generarán 140 megawatts (MW), equivalentes a un tercio de la capacidad de la central Colbún y a la mitad de la central Antuco.

 
"El combustible del futuro es el más seguro tanto para la estabilidad del suministro como para las personas, y este no es el caso", afirma Sara Larraín.
¿Alcanza con las energías alternativas y más limpias a solventar esta alta demanda internacional?

Sí, pero también se necesita eficiencia energética. Las 3 directrices planteadas en la actual administración son razonables. Lo primero es la diversificación de la matriz energética con énfasis en las energías renovables, y especialmente en el gas natural licuado (GNL), para poder paliar la dependencia del gas, que compramos a Argentina. El segundo imperativo es la independencia de las fuentes energéticas, y aquí entran las energías renovables, lo que incorpora nuevos actores a la generación energética y al uso de las concesiones geotérmicas que a la fecha están inactivas. Esto se suma al uso múltiple de derechos de agua de agricultores o propietarios medianos en la zona centro-sur. También se han iniciado estudios y normativas para el desarrollo de biocombustibles. El tercer imperativo, el Programa País de Eficiencia Energética, pretende revertir el incremento de la demanda energética, que duplica al crecimiento del Producto, y convierte a Chile en el país con mayor intensidad energética en Latinoamérica. Esto, a través de cambios tecnológicos y de sistemas de gestión productiva: en áreas de iluminación, motores, vivienda, edificación pública, refrigeración, compras del Estado, normas de etiquetado y certificación.

En un especial del diario español El Mundo se señala lo siguiente: “Producir un kilovatio/hora con energía nuclear supone emitir a la atmósfera cero gramos de carbono. La energía eólica produce entre 5 y 10 gramos; la biomasa entre 10 y 20; el hidrógeno hasta 60 gramos; la solar entre 30 y 60 gramos, el gas natural entre 120 y 180 gramos; el petróleo entre 220 y 245 gramos y el carbón entre 260 y 355 gramos”. ¿Qué opina al respecto porque pese a todo es una energía limpia en cuanto a gases invernadero?

Los datos son erróneos e incompletos. El Oko Institute de Alemania y la Agencia Internacional de Energía de Naciones Unidas concluyeron que si se considera el ciclo completo de producción de energía nuclear, incluida la minería del uranio y los procesos de enriquecimiento, transporte y desmantelamiento, ella genera una cantidad considerable de CO2 por KW/hora producido. Es más, si la producción se realiza a partir de minerales de bajo contenido en uranio, pueden generar más gases de efecto invernadero que una central térmica de ciclo combinado de igual potencia.

¿Por qué Chile no debería implementar un reactor nuclear si países como Francia, Japón, Estados Unidos, Alemania, Argentina, Brasil, Suecia, España, Portugal, China, Rusia, Corea del Norte, México, Pakistán o India ya adoptaron tal medida?

De todos los países mencionados, sólo Francia, China e India pretenden continuar sus programas. Alemania, España y Portugal ya tienen programas de desmantelamiento definido. Los ejemplos de América latina son un completo fracaso, por caros. Argentina, por ejemplo, trató de privatizar un reactor, pero la licitación fue declarada desierta. Nadie quiso arriesgar capital. Otro ejemplo relacionado con los costos lo vemos en la clausura de la central nuclear de Zorita, en España. Costará 170 millones de euros. Casi tanto como lo que costó inaugurarla, y los españoles deberán velar por desechos radiactivos durante los siguientes 100 mil años.

¿Cuándo comenzó esta cruzada anti energía nuclear de su organización?

Nuestra campaña comenzó el 14 de septiembre de 2006, a pocas horas de que los presidentes de partidos de la Concertación, con la presión de lobbistas y grupos corporativos mediante, consiguieran que el gobierno destinara platas públicas a estudios preliminares. Parlamentarios de la Concertación y de la Alianza Por Chile se unieron con organizaciones ecologistas para conformar el Frente Antinuclear y rechazar esta inversión, porque desenfoca los esfuerzos que ya se hacen. Esta decisión de iniciar estudios ha correspondido a un lobby nuclear, muy bien organizado, en el cual desgraciadamente participan algunos congresistas. Es el lobby de una industria que está en bancarrota, porque no se construyen plantas nucleares en los países desarrollados.

¿Qué mensaje le entrega a la población que pese a todas las pruebas, confía en la energía nuclear como “combustible para el futuro”?

No creo que la opinión mayoritaria de los chilenos favorezca esta opción. Así lo vimos en las protestas de hace años contra las pruebas nucleares de Francia en el Pacífico. El combustible del futuro es el más seguro tanto para la estabilidad del suministro como para las personas, y este no es el caso. En general, las “sugerencias” de instalar un reactor se dirigen a las denominadas “regiones”, o sea, lo más lejos de la Santiago, así como las mega-centrales eléctricas, las plantas de celulosa o proyectos mineros nocivos. Sucedería lo de siempre, se condenaría el desarrollo integrado de las “regiones” para favorecer la creciente demanda eléctrica de Santiago. Pero te reitero, no creo que sea la opinión mayoritaria. Ni siquiera en Francia, país con mayor desarrollo nuclear, es así.

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