 | El braille sigue siendo la principal vía de acceso a la cultura para los ciegos. |
Con el dispositivo, saber qué dice la etiqueta de un producto o el programa de un concierto dejará de ser un sueño para los ciegos.
El aparato es un poco más grande que el ratón de un computador, pesa 120 gramos (ligeramente más que un teléfono celular) y cabe en la palma de la mano o en un bolsillo. Raoul Parienti, creador del Top Braille, estima que este podría aumentar la autonomía de los 42 millones de ciegos que hay en el mundo y de otras personas con problemas de visión.
"Cuando se desplaza el aparato sobre un texto, una microcámara escanea cada una de las letras y transmite las imágenes a un procesador que controla una unidad braille situada bajo el índice del usuario", explica el inventor.
Las pequeñas partes puntiagudas de esa unidad bajan o suben a gran velocidad para componer la versión braille de cada letra. No importa si estas están impresas sobre papel o en otro soporte, como latas de conservas o cajas de medicamentos.
Con la ayuda de un auricular también se puede escuchar lo que dice el texto. "La función sonora es un complemento, ya que con la sola lectura es mucho más difícil memorizar el mensaje", dice Parienti. "El braille sigue siendo la principal vía de acceso a la cultura para los ciegos. Todos los que han cursado estudios superiores lo han hecho gracias a él", asegura, visiblemente seducido por su nuevo 'juguete', Claude Garrandes, un ex profesor de economía que quedó ciego cuando era adolescente.
La función sonora incluso facilita el aprendizaje del braille y la memorización de los textos, que pueden ser cargados en un computador mediante una conexión USB.
De todos los inventos de su autor, muy prolífico, Top Braille ha sido el más complejo. Requirió diez años y sortear muchos obstáculos.
"Había que desarrollar un software de traducción letra a letra y no palabra por palabra, como existe actualmente. Se necesitaba además que todos los signos fuesen reconocibles y un procesador muy potente, que no consumiera demasiada energía, para garantizar una buena autonomía", enumeró el creador.
Para coronar su invención, el ingeniero francés le integró un programa de navegación que ayuda a los invidentes a orientarse dentro del texto.
Parienti, que colabora con firmas electrónicas de su país, así como de Brasil y Bulgaria, fundó una sociedad para comercializar este aparato. Ya salió a la venta una primera serie, a un precio de 3.000 euros, que acabó en manos de una asociación de Mónaco.
"Queremos aumentar los volúmenes progresivamente y perfeccionar el software. Ya está disponible en francés, italiano e inglés; nos ocuparemos del alemán y el español dentro de tres meses y del cirílico dentro de seis", concluyó el inventor europeo. |