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Oscurecimiento Global
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Oscurecimiento Global

Hasta hace unos años, la creciente preocupación por nuestro medio ambiente y la proliferación de congresos sobre el particular habían llevado a las primeras planas términos como “calentamiento global”, “capa de ozono” o “efecto invernadero”. A las preocupaciones que cada uno de ellos representa, ahora hay que considerar otro que ya es un peligro en ciernes: “oscurecimiento global”.

 
El oscurecimiento global ya ha interferido en repetidas ocasiones con el proceso de fotosíntesis, provocando sequías en determinadas zonas.

 

El oscurecimiento global no es otra cosa que la reducción gradual de la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre desde la década de los cincuenta del siglo anterior, la cual está disminuyendo a razón de 4% en tres décadas.

Su causa más recurrente es la contaminación que la especie humana genera -una creciente presencia de aerosoles y partículas provenientes de la combustión incompleta de combustibles fósiles o madera.

Todos estos residuos actúan como núcleos de condensación en torno a los cuales se forman gotas microscópicas que van uniéndose.

Este incremento ha hecho que existan más nubes notoriamente blancas de las necesarias.

Este tipo de nubes es más eficaz en reflejar la luz solar hacia el espacio que cualquier otro tipo.

Las partículas contaminantes que dejan las actividades humanas, pues, están provocando un efecto de espejo en la atmósfera, llegando a bloquear hasta un veinte por ciento de la radiación que debería llegarnos en condiciones normales.

En opinión del profesor Waldo Lavado, del Laboratoire des Mécanismes et Transferts en Géologie, Toulouse, Francia, las nubes no sólo aíslan el calor del Sol, sino también el que es radiado por la Tierra.

Esto hace que, durante el día, se produzca un efecto de enfriamiento -y que, por la noche, la reemisión del calor radiado por la Tierra retarde la pérdida de calor del planeta, reteniendo una buena parte de éste.

La Tierra tiene un perfecto equilibro en el sistema solar. Es decir, toda la energía que el Sol proyecta sobre ella, vuelve a salir con el tiempo, reflejada.

Si se incluye algún factor ajeno a la acción de la naturaleza, como el CO2 o el metano, esa capa no-natural en la atmósfera impide que la radiación terrestre escape y hace rebotar estas emisiones de vuelta a la tierra, en su intento de salida de la misma -con lo que el planeta se va convirtiendo en un pequeño gran horno de microondas, que se calienta paulatinamente.

Como evidente consecuencia, la temperatura de la Tierra está elevándose a un ritmo dramático.

Se calcula que, a este paso, el calentamiento será de unos 30º en 100 años.

Sólo un aumento de 10º en la Amazonía empezaría a quemar ese gran pulmón de nuestro planeta.

Pero aún sin tener en cuenta este desolador panorama, el oscurecimiento global ya ha interferido en repetidas ocasiones con el proceso de fotosíntesis, provocando sequías en determinadas zonas.

De acuerdo con el profesor Lavado, hasta ahora los científicos han elaborado sus ecuaciones con un número muy limitado de variables.

En general, los fenómenos naturales dependen de un gran número de éstas, muchas de las cuales ni siquiera sospechamos.

Se trata de ecuaciones no lineales, donde una pequeña alteración en el valor de éstas o la inclusión de una nueva variable desbarata todo el modelo.

Actualmente, se están buscando ya sustitutos para reemplazar los combustibles de origen orgánico.

Por ejemplo, el proyecto ITER, en el que participan muchas de las potencias mundiales, ha sido creado para construir el primer reactor de fusión que produzca más energía que la que consume -es decir, que sea rentable al menos desde el punto de vista energético. Ello contribuiría enormemente a la desaparición de las partículas residuales en la atmósfera, evitando que el problema del oscurecimiento global se agrave.

  
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