 | Encontraron que las dos redes de control están unidas en los niños pero empiezan a separarse en los adolescentes. | Los autores de esta investigación, neurocientíficos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, se sorprendieron al descubrirlo.
"Esto no sólo tiene importantes implicaciones para nuestro conocimiento sobre cómo se desarrolla la arquitectura del cerebro, sino también para comprender cómo esa misma estructura se deteriora por el envejecimiento, las enfermedades y las lesiones", explica Bradley L. Schlaggar, uno de los autores del estudio, y profesor de pediatría, radiología, neurología, neurobiología y anatomía.
Hace algunas semanas, el profesor Steven Petersen y sus colegas de la Universidad de Washington anunciaron que habían identificado dos redes de control que parecen estar a cargo de muchas de las más altas funciones del cerebro. Las dos redes no se consultan entre sí pero trabajan hacia un propósito común: el control de la conducta voluntaria orientada a un objetivo. Esto abarca una gama amplia de actividades, desde la lectura de una palabra, hasta la búsqueda de una estrella en el firmamento, pero probablemente no incluye comportamientos involuntarios como son el control de la frecuencia del pulso o la digestión. Para el nuevo estudio, los científicos analizaron los cerebros de 210 niños, adolescentes y adultos. Encontraron que las dos redes de control están unidas en los niños pero empiezan a separarse en los adolescentes, estableciéndose luego como entidades separadas y volviéndose más complejas.
Estos importantes cambios agregan otra capa de complejidad al desafío de predecir cómo afectarán a los pacientes las lesiones cerebrales. Estos cambios en la red significan que una lesión en el mismo lugar del cerebro podría tener diferentes consecuencias dependiendo de cuándo ocurre en la vida de la persona.
Los neurocientíficos han invertido mucho tiempo en las décadas pasadas asociando funciones del cerebro a pequeñas áreas cerebrales, o identificando colaboraciones entre algunas de esas áreas. “Por ejemplo, en algunas ocasiones, pacientes con daños cerebrales desarrollarán comportamientos que están muy relacionados con estímulos específicos: cada vez que encuentren un estímulo en particular, responderán exactamente de la misma manera”, explica Nico Dosenbach, coautor del estudio. “Por ejemplo, un hombre con cierta lesión cerebral comenzaba a desvestirse cada vez que veía una cama, sin importar si era la suya o alguna expuesta en una tienda de muebles. Esta investigación puede ayudarnos a comprender qué les está ocurriendo a estos pacientes”. Pero los científicos a veces han encontrado difícil de utilizar este enfoque para predecir cómo las lesiones en un área dada del cerebro afectarán a las habilidades cognoscitivas de un paciente. “Esto fue una gran sorpresa. Sabíamos que muchas regiones del cerebro contribuyen a ejercer el control, pero la mayoría de nosotros había creído que todas esas regiones se organizaban en un solo sistema, uno que estaría en la cima, diciéndole a cada parte qué hacer”, explica Steven Petersen. "Somos optimistas porque las respuestas a estos problemas y a otras preguntas importantes pueden estar en un enfoque más orientado al concepto de redes que analice cómo varias regiones diferentes del cerebro trabajan regularmente en colaboración unas con otras, intercambiando datos, directrices y realimentaciones", explica Petersen, uno de los autores del estudio, y profesor de Neurociencia Cognoscitiva, neurología y psicología. |