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Ameba devoradora
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Ameba devoradora

Vive en aguas dulces y cálidas, se introduce en el cuerpo humano a través de la nariz y comienza a devorar el cerebro de su víctima hasta provocarle la muerte.

 

Se recomienda no nadar en zonas no aptas para el baño, no remover el fondo de charcas o lagos y taparse la nariz con los dedos o usar una pinza especial para evitar la penetración del agua al sumergirse.

 

El aumento de las muertes por culpa del Naegleria fowleri, un parásito microscópico y, hasta el momento, raro, está alarmando a las autoridades sanitarias estadounidenses.

En el último año, el parásito ha matado a seis niños y jóvenes en Estados Unidos, tres de ellos en la Florida, dos en Texas y uno en Arizona.

Esta cifra que no parece alarmante, pero que supera con creces la media de casos registrados hasta el momento (de 1995 a 2004 se dataron 23 víctimas).

Los expertos vaticinan que el número de infectados podría seguir aumentando debido al cambio climático.

"Es una ameba que adora el calor. Si la temperatura del agua aumenta, se encontrará mejor", "En las próximas décadas esperamos ver más casos, al incrementarse las temperaturas", explica Michael Beach, especialista del Centro de control y prevención de enfermedades estadounidense (CDC).

"Esto es definitivamente algo a lo que tenemos que dar seguimiento", agregó.

El CDC sabe solamente de unos varios cientos de casos en todo el mundo, desde que fue descubierto el microorganismo en Australia en la década de 1960.

Esta ameba vive en aguas dulces y cálidas, como lagos, charcas, aguas industriales o piscinas descuidadas y con poco cloro.

Principalmente se localiza en la capa superior del fondo, por lo que la infección por este parásito es más fácil si la víctima remueve o pisa el sedimento.

Para que pueda llegar al cerebro, es necesario que el agua donde reside el parásito ascienda por la nariz como ocurre, por ejemplo, al tirarse de cabeza o dar una voltereta en el agua.

Una vez en el interior del cuerpo, la ameba devora rápidamente las mucosas y continúa su ascenso hacia el cerebro donde se instala y se alimenta de células cerebrales.

Las víctimas infectadas se quejan al principio de dolores de cabeza, fiebre o rigidez en el cuello, aunque una vez que el parásito ha avanzado, dan muestras de daños cerebrales, como alucinaciones o cambios en el comportamiento.

En menos de una semana el paciente puede entrar en coma y morir.

De momento, hay drogas que han tenido efecto contra la ameba en laboratorios, pero las víctimas rara vez sobreviven, dijo el experto, no existe un tratamiento eficaz contra el microorganismo.

En Arizona, David Evans dijo que nadie sabía que su hijo, Aaron, estaba infectado con la amiba hasta que el muchacho de 14 años falleció el 17 de septiembre.

En primera instancia, parecía que el menor tenía solamente un dolor de cabeza.

"No sabíamos. Y aquí estoy. Llego a casa a sepultarlo", dijo.

Luego de realizar más pruebas, los médicos dijeron que Aaron al parecer fue infectado una semana antes, mientras nadaba en las cálidas aguas del lago Havasu, un depósito de agua en el río Colorado, entre Arizona y California.

En algunos estados estadounidenses, como Florida o Texas, las autoridades sanitarias ya han puesto en marcha una línea de información para que la población pueda informarse de cómo evitar la infección.

Entre otras recomendaciones, el CDC recomienda no nadar en zonas no aptas para el baño, no remover el fondo de charcas o lagos y taparse la nariz con los dedos o usar una pinza especial para evitar la penetración del agua al sumergirse.

 
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