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La profesora Susan Wong de la Universidad de Bristol y sus colegas, estudiaron la incidencia de diabetes en ratones genéticamente modificados, carentes de la parte del sistema inmunológico que responde a las bacterias buenas. Encontraron que el 80 por ciento de los ratones criados en un ambiente completamente libre de gérmenes y, por tanto, carentes de las bacterias intestinales "amistosas", desarrollaron diabetes severa.
Sin embargo, cuando dieron a los ratones un cóctel de las bacterias usualmente encontradas en el intestino mamífero, la incidencia de diabetes se redujo significativamente. La investigación indica que la interacción entre el sistema inmunológico y nuestras bacterias buenas podría ser un factor crítico en modificar la susceptibilidad a la diabetes.
Entender la relación entre la flora intestinal y el sistema inmunológico es sumamente importante. El objetivo ahora es identificar qué bacterias amistosas son las que tienen este efecto, y cómo detienen el desarrollo de la diabetes de tipo 1.
El estudio no abarca la diabetes de tipo 2, la forma mucho más común de la enfermedad que está vinculada a la obesidad y el estilo de vida, y que afecta a mucha gente, casi dos millones de personas sólo en Gran Bretaña
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